Ahí estaba ,sentado sobre un banco de metal bajo el techo de
una parada de autobús. El cielo nublado pintaba de gris el rostro de las
personas que pasaban inmersas en su propio mundo, su propia realidad. El
viento, que soplaba fuerte, mecía las hojas por el asfalto de la carretera
junto a colillas de cigarro. Coches pasaban con sus historias dentro, familias,
hombres solitarios, estresados empresarios, bellas mujeres…
Cada uno en su burbuja, y yo ahí observando el tiempo.
Deseando que nunca llegase el autobús, que todo se detuviera a mi alrededor. El
viento cesase y posase las hojas tranquilas en el suelo, que esos coches no
llenaran de ruido las calles y esas personas detuvieran su paso por un
instante. Deseaba desaparecer por momentos, que todo desapareciese a mi
alrededor… rebobinar el tiempo y pararlo cuando sentí que debía hacerlo. Era
una sensación distinta, cambiar lágrimas por sonrisas y besos. Imaginar mil
historias de ilusión, mil anécdotas futuras y este tiempo tan valioso para
disfrutar.
Cuando estaba a punto de volver a ver tu rostro dentro de mi
mente sonó el claxon del autobús que me despertó… todo seguía igual, gente en
sus burbujas, ruidosos coches y colillas por el suelo. Y ahí estaba yo sentado
en aquel banco frío una tarde de Noviembre con mi propia realidad y mi propio
mundo. En la mano derecha el móvil, frío, como un necio esperaba tu llamada o
una simple conversación…
-Happy Parpal-
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