domingo, 3 de noviembre de 2013

Aquí mis dos últimos textos, juntos porque van dirigidos a la misma persona...

El niño en la pared:

Vuelvo a ser el niño que siempre fui cada vez que te necesito, te busco, te imagino y te sueño… ahora siento que eres el prado donde tumbarme después de una larga marcha por una montaña rocosa.

Todo el cansancio y el dolor desaparece solamente con oír tu voz o sentir tu olor. Pero como niño tengo miedo, miedo a que todo quede en un beso o un simple abrazo. Miedo a que desaparezcas y no vuelvas, miedo a que no escuches mis locuras y te espante mi inconsciencia.


Ni lo quise ni lo busqué pero apareciste, y siento que como apareciste te irás… y volveré a estar solo contra el mundo. Aunque esta es otra más de mis estupideces que nadie escuchará. Tonterías de un niño que no para de chocarse contra la pared una y otra vez…

Happy

Entre montañas nevadas:

Convertir la tristeza en odio, el odio en furia, la furia en destrucción y la destrucción en deporte. Sudar lágrimas que no has llorado, maldecir en tu mente la vida. Llegar incluso al extremo del cansancio y la adrenalina para no pensar. No pensar en toda la mierda que te rodea y que se hace aun más grande sin ti. Ilusiones creadas en una mente inútil cansada de tropezar con las mismas piedras en distintas partes del camino. Nudillos ensangrentados contra una pared, encías doloridas de apretar de rabia, puños cerrados…

¿Cansancio, tú crees? No es mi cara de cansancio, es mi cara de necesidad de tus abrazos que se vuelven locuras en la cabeza de una persona que solo busca estabilidad. Como una avalancha de nieve sobre mí, sin esperarlo pero causando gran impacto. De lejos se veía el daño de una montaña nevada tan preciosa, pero como un ignorante la quise subir para volver a caer desde lo más alto de las ilusiones. Vas subiendo y sientes como te unes a su estructura profundizas en su naturaleza para luego echarla aún más de menos cuando no está.

Happy

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