Una explosión me despertó sobresaltado, rápido agarre mi
fusil Mausser y me parapeté en el murete bajo la ventana. Estaba frío, llovía y
las gotas atravesaban los agujeros del techo y hacia resonar el suelo embarrado.
Tras la explosión un largo silencio, solo se escuchaban las gotas encima de los
cascos de acero. Tras ese largo silencio comenzamos a escuchar un motor, y
muchos pasos. Las tropas falangistas avanzan por el norte sitiando la ciudad. Velozmente
comenzamos a movernos entre los escombros de las casas bombardeadas por la
legión Cóndor.
Somos la última resistencia y la última esperanza de la
fuerza republicana. Entre las sombras avanzamos, la sangre de nuestra gente
tiñe de rojo todos los charcos que pisamos. Entramos en una de las casas más céntricas
de la ciudad cuando comienzan a disparar con ametralladoras. El chico que
corría junto a mí cae al suelo, una de las balas le había perforado la cabeza y
acabado con sus sueños.
¡No! He tropezado y caído al suelo. Me siento aturdido, mi
mirada se clava penetrante en los ojos de aquel niño que ya no respira. Miles
de palabras de arrepentimiento pasean por mi mente ¿Por qué luchar? ¿Por qué
nos matamos los unos a los otros? Preguntas que no tienen respuesta alguna
entre las balas. Vuelvo a recobrar el sentido… he perdido a mi pelotón y siguen
disparando. El corazón se me acelera y me pongo a disparar sin apuntar,
simplemente lleno de odio y miedo. Intento alcanzar algún soldado despistado
que coincida en la trayectoria de mis balas. No hay suerte y lo único que
consigo es llamar su atención y que disparen a la ventana tras la que me
escondo.
Arrastrándome ,mientras miles de balas rompen cristales y agrietan
las paredes, consigo llegar a la puerta trasera y correr hacia los campos de
cultivo. Varios soldados enemigos se percatan y corren tras de mí disparando.
En uno de esos disparos alcanzan mi pierna derecha y caigo sobre el barro. Con
la poca fuerza que me queda me arrodillo, y apoyado con una sola pierna me
pongo en pie frente a ellos que me apuntan nerviosos y cansados. La lluvia
limpia mi uniforme sucio de tanto golpe en la batalla, la bandera tricolor
cosida en mi camisa se deja ver limpia y reluciente. En sus ojos veo el miedo y
la desesperación, pero también veo la muerte y el odio. Orgulloso alzo mi puño
en alto, pasan unos segundos y…
De golpe despierto excitado, mi cama está toda sudada y
tengo lágrimas en los ojos. Miro alrededor y estoy en casa. Está mi armario, mi
reloj, mis fotos… observo la ventana abierta con los cristales acariciados por
la lluvia y veo que nadie lucha. Nadie lucha como lucharon, nadie lucha por la
libertad por la que otros murieron. Esa sangre de los charcos son las lágrimas
de los caídos en batalla en los que nosotros reflejamos nuestro espíritu de
libertad. Ese espíritu que se queda encerrado en aquel charco al no luchar por
él.
Pero mientras tanto nos vamos a soñar, nos volvemos a dormir
tras esta pesadilla pues solo ha sido una pesadilla. Lo que parece que aún no
sabemos es que como no hagamos algo pronto esa pesadilla no tardará en hacerse
realidad.
-Happy-
No hay comentarios:
Publicar un comentario