martes, 4 de junio de 2013

Un instante en la vida de Colette:

Otra mañana se levanta, el frío envuelve todas las partes de su cuerpo ,pero ella ,sale cada día a enfrentarse al mundo, a su mundo… no os hablo de un mundo cualquiera, es un mundo oscuro, gris, un mundo alejado de toda luz.

 Esta niña, convertida prematuramente en mujer, pasea por las calles de la soledad. Mira al frente y avanza con la cabeza alta, es su cruzada en busca del hilo de divinidad que de color a esos ojos apagados de tanto llorar. Después, de camino a casa, pasea lentamente observando cada detalle del camino… en su cabeza pasan millones de pensamientos que alteran su ritmo cardíaco y dilatan sus pupilas. Empieza a caminar más lentamente soñando que el camino a casa nunca acaba, tarareando esa canción de nana que su madre de niña le cantaba… Llega a la puerta de su casa, respira lentamente, mete la llave en la cerradura y temblando entra en lo que ella llama… hogar. Rápidamente entra en su habitación y cierra la puerta. Tras varios minutos de silencio, comienza a oír pasos firmes y pesados por los rincones de su casa, detrás de esa puerta que tantas veces a cerrado. Tras un período de pasos alrededor de su puerta, alguien empieza a golpearla repetidamente. Ella rápida, contesta con voz temblorosa “¿Si?”. Pero nadie contesta. De repente vuelven a golpear más fuerte la puerta, tan fuerte que oye un grito en su cabeza. Se agacha, cierra los ojos, y se tapa los oídos mientras con voz débil, escupe una serie de sollozos de terror. Tras varios largos segundos de agonía se escucha un calmado y taimado silencio. Lentamente se incorpora, se seca las lágrimas de los ojos y las mejillas y avanza con paso tembloroso hacia la puerta. Abre la puerta lentamente y de repente…  nada, no había nada, esto la desconcierta, súbitamente corre hacia la puerta de la calle, la abre y vuela escaleras abajo, tras de sí, unos pasos acelerados ansiosos de ella… exhausta sale a la calle y mira hacia atrás. Solamente ve oscuridad mientras la puerta se cierra lentamente. Todo le da vueltas, no reconoce nada de lo que tiene a su alrededor… una farola parpadeante llama su atención, el sonido de esa bombilla al encenderse y apagarse. Ese sonido le recuerda al latir del corazón, o más claramente al tic-tac de un viejo reloj de bolsillo. Un reloj… que cuenta cada segundo, minuto, hora… un contador de la vida, una vida dentro de un reloj.

Tras mirar fijamente esa oxidada farola, vuelve a recobrar el sentido en la realidad pero hay algo distinto. Todo está apagado, solo hay ceniza en las aceras, sombras y oscuridad. Escucha unos pasos, pasos cual zapatos de niño, y mira fijamente al final de la calle. Allí se encontraba una silueta, pequeña como la de una marioneta, unos hilos sujetaban cada extremidad de esa formación creada entre las sombras.
Entonces comenzó a caminar, torpe y bruscamente hacia ella haciendo un ruido parecido al rechinar de las puertas oxidadas, Colette cerró los ojos y se quedó quieta, inmóvil delante de ese ser… tras unos instantes breves de respiración intensa, Colette, abre los ojos y delante de ella yacía aquella marioneta, sin rostro ni faz tendida en el suelo. Los hilos que sujetaban su vida mueren  cortados al lado del cuerpo inerte de la criatura que lentamente se va convirtiendo en cenizas que se volatilizan junto al viento y se pierden en el camino del recuerdo.

Cabizbaja anda por la calle sin pararse a mirar a ningún lado, con la mente en blanco en ninguna dirección, como un barco perdido en el océano… camina y camina hasta que sus pies envueltos en sangre la obligan a tropezar sobre sí misma y caer.
El fuerte golpe contra el suelo hace que pierda toda orientación, se nuble su vista y miles de sombras invadan su mente y quede inconsciente en ese mismo instante.
El sonido de su triste corazón empieza a apagarse, poco a poco, al mismo tiempo su cuerpo es absorbido por la tierra y la naturaleza uniéndose en cuerpo y alma con esta. En el lugar donde murió esta pobre chica creció un árbol grandioso y bello, cuyas flores embellecían el paisaje. Regado con las lágrimas de Sol y los rayos de Luna, algo contradictoriamente milagroso.


Esta chica, llamada Colette, quedo libre de esta sociedad uniéndose eternamente con la tierra y formando parte de ésta. Una naturaleza que da vida y una naturaleza afectada por la misma bestia a la que dio vida una vez… el hombre. 

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