En silencio se quedaron sus
palabras, esas palabras que un día transmitieron tantos sentimientos. Unas
palabras que definían cada sonrisa que tu rostro me mostraba, una mirada de
gata tan profunda que hacía gritar a mi entrañas. Esas mariposas en el estómago,
que son el gritar de tus abrazos y de tus inocentes besos de amiga.
Esas ganas locas de besar tu boca
cada mañana, cada instante en que te encuentro… en cualquier parte besaría tus
labios mientras abrazo tu cuerpo pegado al mío. Te levantaría en volandas de un
solo abrazo, pues tú haces volar mi mente cada vez que te respiro cerca. Ese
olor particular que define tu persona, que me persigue a todas partes.
Esa impotencia al no tenerte, esa rabia
acumulada… ese infierno que desata mi pensamiento cada vez que no estás. Son
esos problemas que desaparecen al aparecer en mi cabeza, al aparecer frente a
mí.
Respiro entrecortado, pulso
acelerado, se me escapan las ideas porque solo cabes tú dentro de mi mente.
Cuando no estoy contigo, solamente pienso en ti y en ideas para hacerte
sonreír. Pero cuando vuelvo a poder hablarte, todo vuela como gaviotas tras la
sirena de un barco. Y el miedo y la ilusión nublan mis ojos, que solamente
desean tu rostro para calmar mi alma.
Un alma perdida que ya ha
encontrado un puerto, un barco errante en la inmensidad de un océano que vio la
luz de un faro y a ese faro se aferró como a su vida.
Happy Parpal
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