Al principio me rondaba la curiosidad, la olía, la sentía
cerca pero no tenía oportunidad de probarla, sentía la necesidad de hacerlo
pero mis posibilidades estaban nubladas.
Una noche de fiesta
apareció esa necesidad, esa oportunidad tanto esperada, no lo dude ni un
momento y probé aquella sustancia que tanto soñaba degustar. Noté un extraño
escalofrío por el cuerpo, mis pupilas se dilataron y sentía el latir del
corazón cien veces más rápido de lo normal, esa sensación de éxtasis única, la
adrenalina empezó a recorrer mi cuerpo la sangre fluía entre mis venas de
manera diferente una manera especial, única. Aquella noche fue una noche perfecta,
tomando una tras otra sin ver fin alguno llegando al punto de máximo apogeo
disfrute, desfogue… Llegue a las 6 de la mañana a mi casa agotado, mareado es
decir extraño, con dolor de cabeza después de tales sucesos…
A la mañana siguiente me levanté destrozado, pero recordando
cada momento de la noche anterior, aquella noche tan divertida y perfecta.
No lo dude ni un momento todos los días la buscaba para
volver a sentir algo así pero era lo más difícil de encontrar, además me avergonzaba
preguntar por ella, por lo que costaba mucho más conseguir un poco de ese fruto
del edén único y perfecto , ese fruto prohibido para muchas personas, que pocas
habían podido degustar y que a largo plazo desencadenaría una serie de
consecuencias que nunca había podido imaginar.
Cuando la probé me mentalicé de que no tenía que
obsesionarme con tal elemento, pues solo supondría problemas personales… pero
la segunda vez…
La segunda vez fue muchísimo mejor, la tenía pero no pensaba
volver a consumirla, yo quería pero sabía que no debía porque después de esa
segunda imaginaba que ya no podría dejarla nunca más …
Esa segunda vez , fue mejor que la primera, estaba solo pero
desee tomarla, lo hice, mi cuerpo se sumió en el éxtasis jamás sentido, no pude
parar de consumirla aquella noche, y después de esa noche no me encontré mal, si
no que me sentía más vivo.
Entonces llegó un momento en que solo podía pensar en
tenerla, probarla, consumirla, sentirla… todo se basaba en ello, la buscaba por
todas partes cuando la encontraba la olía la degustaba poco a poco, la dejaba en
deseo para luego poder consumirla más a gusto.
La última noche que la probé fue una noche con amigos,
ninguno se fijó ni se dio cuenta, pues por mi vergüenza lo hice a escondidas,
fue una de las mejores noches de mi vida, me hizo ver relajado las estrellas,
aquel cielo precioso arropado por su abrazo caluroso y por esos escalofríos que
me producía, esos escalofríos que me encantaban, que recorrían mi cuerpo desde
la cabeza hasta los pies, eran como mordiscos en el alma…
Al día siguiente, cansado pero con ganas de seguir… uno de
esos mordiscos minutos antes de desparecer de mi vista… alcanzó mi corazón, no
de manera que todo acabara en un instante, si no que poco a poco se desangra
dentro de mi muy lentamente, frustrando así muchos de mis sueños, e ilusiones…
solo se una cosa desde ese momento, por mucho que doliera si volviera a tener
oportunidad, la probaría pues ya no se puede matar a algo que ya se siente
muerto…
Happy Parpal
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